Desesperada, no se le ocurre otra cosa que acudir a Soledad, una anciana para quien trabajó limpiando hasta pocos meses antes. Si hay alguien con buen corazón es ella, por lo que puede que la acoja.
Un grupo de gente agolpado en su puerta le hace temer lo peor. Su hijo Jorge está recibiendo el pésame, pues Soledad ha pasado a mejor vida. La casa se queda vacía y Davinia no tiene un techo, por lo que no tarda en atar cabos, aprovechando un descuido de Jorge para colarse y convertirse oficialmente en okupa de aquella vivienda tan señorial.
En Tomás, el conserje, encontrará a un amigo… Un amigo al que acudirá cuando Jorge comience a tocar su puerta una y otra vez, reclamando que le sea devuelto lo que es suyo.
Lo que no sabe el atractivo abogado es que, al tocar esa puerta, se encontrará con un corazón puro que terminará por encandilarlo. La situación es de lo más rocambolesca, pero el amor manda.
Pese a todo, los problemas no se apartarán del camino de una Davinia que parece atraerlos, ¿hacia dónde se dirigirá su vida? ¿Irá Jorge en la misma dirección? Dos caminos distintos que pueden confluir en uno solo, ¿o quizás no?