DON CÁRLOS y FABIO, vestidos de camino; despues, LEONOR.
D. Cárl.
¿Diste el papel?
Fabio.
Sí, señor,
Y con notable alegría
Dijo que al punto vendria
A esta posada.
D. Cárl.
Y Leonor
¿Habráse ya levantado?
Fabio.
Aun no ha abierto su aposento.
D. Cárl.
Pues llama á él, porque intento
Darla parte del cuidado
Con que asegurar me atrevo
Su vida y su honor aquí
Por lo que me debo á mí,
No por lo que á ella la debo.
Llámala pues, que ya es hora
De que despierte. (Sale Leonor.)
Leonor.
Eso fuera
Si yo, Don Cárlos, durmiera;
Pero quien padece y llora
Desdenes de una fortuna
Tan cruel, tan inclemente,
Tan á todas horas siente,
Que no descansa en ninguna.
¿Qué me quieres?
D. Cárl.
Informarte
De cómo en tan triste suerte
Trata mi amor defenderte,
Ya que no es posible amarte.
Sabrás...
Leonor.
No prosigas, no,
Pues sea justo ó no sea justo,
Basta saber que es tu gusto,
Para obedecerle yo.
Que aunque en pena semejante
Atento te considero
A la ley de caballero
Primero que á la de amante;
En mí no hay más eleccion,
Más gusto, más albedrío,
Que el tuyo: siendo este el mio,
¿Para qué es la relacion?
D. Cárl.
¡Oh qué bien esa humildad,
Hermosa Leonor, viniera,
Si de voluntad naciera,
Y no de necesidad!
Leonor.
A quien ya le ha persuadido
La apariencia de un engaño,
Tarde ó nunca el desengaño
Pondrá su queja en olvido:
Y más cuando él de su parte
Tan poco hace por creer
Qué pudo ó no pudo ser.
D. Cárl.
No trates de disculparte;
Que no has de poder, Leonor.
Leonor.
Haz una cosa por mí,
Por ser la última que aquí
Ha de deberte mi amor.
D. Cárl.
Sí haré: sal dese cuidado.
Díme, pues, lo que deseas.
Leonor.
Escúchame, y no me creas
Despues de haberme escuchado.
D. Cárl.
Con aquesa condicion,
Sí haré. Prosigue, pues: dí,
¿Qué es lo que quieres de mí?
Leonor.
Solamente tu atencion.
D. Cárl.
Aguarda.—Fabio.
Fabio.
Señor.
D. Cárl.
Si viniere el caballero
Que llamaste, entra primero,
Porque se esconda Leonor.—(Vase Fabio.)
Prosigue ahora.
D. Cárl.
¿Diste el papel?
Fabio.
Sí, señor,
Y con notable alegría
Dijo que al punto vendria
A esta posada.
D. Cárl.
Y Leonor
¿Habráse ya levantado?
Fabio.
Aun no ha abierto su aposento.
D. Cárl.
Pues llama á él, porque intento
Darla parte del cuidado
Con que asegurar me atrevo
Su vida y su honor aquí
Por lo que me debo á mí,
No por lo que á ella la debo.
Llámala pues, que ya es hora
De que despierte. (Sale Leonor.)
Leonor.
Eso fuera
Si yo, Don Cárlos, durmiera;
Pero quien padece y llora
Desdenes de una fortuna
Tan cruel, tan inclemente,
Tan á todas horas siente,
Que no descansa en ninguna.
¿Qué me quieres?
D. Cárl.
Informarte
De cómo en tan triste suerte
Trata mi amor defenderte,
Ya que no es posible amarte.
Sabrás...
Leonor.
No prosigas, no,
Pues sea justo ó no sea justo,
Basta saber que es tu gusto,
Para obedecerle yo.
Que aunque en pena semejante
Atento te considero
A la ley de caballero
Primero que á la de amante;
En mí no hay más eleccion,
Más gusto, más albedrío,
Que el tuyo: siendo este el mio,
¿Para qué es la relacion?
D. Cárl.
¡Oh qué bien esa humildad,
Hermosa Leonor, viniera,
Si de voluntad naciera,
Y no de necesidad!
Leonor.
A quien ya le ha persuadido
La apariencia de un engaño,
Tarde ó nunca el desengaño
Pondrá su queja en olvido:
Y más cuando él de su parte
Tan poco hace por creer
Qué pudo ó no pudo ser.
D. Cárl.
No trates de disculparte;
Que no has de poder, Leonor.
Leonor.
Haz una cosa por mí,
Por ser la última que aquí
Ha de deberte mi amor.
D. Cárl.
Sí haré: sal dese cuidado.
Díme, pues, lo que deseas.
Leonor.
Escúchame, y no me creas
Despues de haberme escuchado.
D. Cárl.
Con aquesa condicion,
Sí haré. Prosigue, pues: dí,
¿Qué es lo que quieres de mí?
Leonor.
Solamente tu atencion.
D. Cárl.
Aguarda.—Fabio.
Fabio.
Señor.
D. Cárl.
Si viniere el caballero
Que llamaste, entra primero,
Porque se esconda Leonor.—(Vase Fabio.)
Prosigue ahora.