En primer lugar, porque estás ávido de aumentar la superficie susceptible de ser sembrada de pasto y, por consiguiente, la capacidad de producción de materias primas y de alimentos ricos en proteína animal. Esto es particularmente importante en aquellas regiones áridas o semiáridas del trópico donde la falta de agua no permite actividades pecuarias, las cuales se limita a periodos cortos y condiciona la naturaleza de vulnerabilidad de los potreros
En segundo lugar, por la posibilidad de obtener más de una cosecha de terneros destetados o más litros de leche que el promedio al año en un mismo terreno. En este caso logras el aumento de la producción pecuaria por intensificación de la superficie sembrada de pasto a causa del riego.
En tercer lugar, con la materialización del riego éste reduce la incertidumbre típica de las actividades dependientes del clima y de los fenómenos naturales. La minimización de los riesgos te estimula a invertir en la actividad pecuaria y con perspectiva a largo plazo.
Y en cuarto lugar, la probabilidad de introducir cambios y transformaciones más profundas del sistema natural y en las prácticas de manejo.
Al verlo de esta manera no queda otro camino que seguir una planificación sobre la idea en discusión, entendiéndose que está delineada en estas notas, desde donde puedas ordenar de acuerdo a tus necesidades y a las características particulares de tu explotación pecuaria. Una vez que lo tengas instrumentado, el riego te proporcionará la frescura del agua al correr entre los dedos de tu mano, el aroma de tierra húmeda equivalente a la vida misma, el suave arrullo cuando bordea las acequias en su recorrido y el grato sabor que le estás proporcionando agua potable a los pastos y a los animales.