Recuerdos de un jardinero inglés: 156 (Largo Recorrido)

Por (autor) Reginald Arkell

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Si un libro es "como un jardín que se lleva en el bolsi­llo", éste hace realidad como ningún otro ese proverbio árabe, pues recrea la historia de uno fértil, armonioso y encantador, un verdadero vergel: narcisos, orquídeas, cri­santemos, dalias y campanillas azules brotan de sus pági­nas, cultivadas con mano maestra por el inefable jardinero Herbert Pinnegar.
El protagonista de esta maravillosa novela fue un niño so­litario que siempre mostró una pasión desmedida por las flores, especialmente por las silvestres, que crecían en las orillas del viejo canal que recorría con la profesora que le transmitió todo su saber botánico. La segunda mujer en apreciar su talento será la joven Charlotte Charteris, quien le otorga el primer premio en el Concurso Anual de Flores y cambia definitivamente su destino al ofrecerle, poco des­pués, trabajar en el jardín de su mansión. Desde la vivienda anexa, que ha habitado a lo largo de sesenta años, Pinnegar repasa su vida consagrada a velar por ese cosmos en minia­tura, un genuino jardín inglés: una de las contribuciones más originales de los británicos a la cultura universal.
Con Pinnegar aprendemos que la paciencia, la tenacidad y la gratitud son virtudes necesarias para quien está expues­to al rigor de las estaciones y a los esplendores fugaces, ¿acaso no querríamos un mundo en el que todos llevára­mos un jardinero dentro? De sus acciones y propósitos se desprende una ética singular: en un jardín no se puede estar enfadado mucho tiempo.
Publicado en 1950, sobre este clásico moderno de la literatura inglesa, rebosante de humor y ternura, se proyecta también, de forma sutil, la sombra de los pesares de una sociedad que acaba de superar una guerra y, en este sentido, la idea del jardín supondrá su contrapunto: un lugar de ensueño, una metáfora de la buena vida y una promesa de felicidad.
Los desvelos y alegrías que colman la existencia sencilla de este entrañable personaje, al igual que la belleza de un paisaje, reportan beneficios inmediatos al lector: una novela que estimula los sentidos, atempera el espíritu y apacigua el corazón maltrecho.

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