El explorador y aventurero César Pérez de Tudela lo manifiesta en el prólogo cuando dice: "Creo que la mayor parte de los exploradores, descubridores, viajeros, navegantes y alpinistas (...) viviendo la incertidumbre del riesgo han pedido la ayuda de Dios".
El hombre es por naturaleza un ser religioso y, aunque en ocasiones no lo manifieste, en los momentos comprometidos busca ese auxilio que considera necesario. Otras veces es una exaltación de júbilo y alabanza ante una difícil conquista.