Una mañana del año 1990, Julio, con dos tragos de más, se presenta en una Estación de Policía para formular una denuncia; ahí coincide con una señora que está denunciando la desaparición de su hija. Cuando ella marcha, Julio informa a la Policía que ha matado un hombre.
Julio es detenido mientras los agentes van a verificar los hechos. La sorpresa llega cuando son recibidos por el supuesto muerto, y después de algunas aclaraciones, regresan a la comisaría donde reclaman al borracho la falsedad de la denuncia, mientras Julio se reafirma en su declaración y manifiesta que ellos han visto es al espíritu del difunto, que lo está buscando para vengarse. En contra de su voluntad, tiene que abandonar la Estación de Policía y regresa a su casa, donde consigue dormir.
Días después, en la Comisaría de Policía se recibe el aviso de la aparición de un hombre degollado en un lugar cercano. Al presentarse los agentes a identificar al occiso, resulta ser que es Julio. A partir de ese momento se inician las investigaciones, y todos los sucesos comienzan a desvelarse y tener sentido.
Julio es detenido mientras los agentes van a verificar los hechos. La sorpresa llega cuando son recibidos por el supuesto muerto, y después de algunas aclaraciones, regresan a la comisaría donde reclaman al borracho la falsedad de la denuncia, mientras Julio se reafirma en su declaración y manifiesta que ellos han visto es al espíritu del difunto, que lo está buscando para vengarse. En contra de su voluntad, tiene que abandonar la Estación de Policía y regresa a su casa, donde consigue dormir.
Días después, en la Comisaría de Policía se recibe el aviso de la aparición de un hombre degollado en un lugar cercano. Al presentarse los agentes a identificar al occiso, resulta ser que es Julio. A partir de ese momento se inician las investigaciones, y todos los sucesos comienzan a desvelarse y tener sentido.