La Biblia Marciana: ¡Ojo; María Magdalena agarró el látigo!

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Ahora que todavía eres un infante te preguntas, marcianito, porqué tu Señor Dios te creó a su imagen y semejanza, con cuatrocientos treinta y seis ojos. Espera a ser adulto y entonces lo entenderás. (La Biblia marciana 67,12)
¿Alguien creía que Jesús sacó una única vez su látigo hace dos mil años en el Templo judío y después lo guardó para siempre? No, no; lo ha vuelto a sacar. Mejor todavía: María Magdalena también ha sacado el suyo. Porque, por ejemplo, había que explicar porqué cuando María de Nazaret subió al Cielo se encontró con que su sitio ya estaba ocupado. La respuesta, en este libro. Y ya puestos, ¿porqué no permitir que Judas Iscariote y Andrés el pescador saquen también los suyos? Tenían mucho de qué quejarse. Aquí les damos la palabra.
Éste es un evangelio más, una obra de ficción como lo son todos los evangelios. Será desautorizado. Pero no porque haya sido escrito en el siglo XXI sino porque en él se constata que la misión de los jerarcas de la Iglesia no fue nunca acercarnos a Dios sino perpetuar el yugo ancestral del patriarcado en beneficio propio. ¿Cómo? No hay ningún Padre celestial allí arriba. La imagen del viejo barbudo con un gran ojo que todo lo ve la crearon los sumos sacerdotes para servir a sus intereses y los de su casta, que no son otros que vivir espléndidamente usando como armas represivas el miedo, la superstición y el oscurantismo, es decir la religión. A eso se le llama hacer trampas. ¿De verdad existe alguna relación entre Jesús de Nazaret y la Iglesia Católica? Los lectores contestarán fácilmente a esa pregunta si leen este evangelio.
Juguemos a descubrir qué otras trampas hicieron los marcianos, los judíos, los cristianos, y los musulmanes cuando ensamblaron las piezas del puzle de sus respectivas religiones.
¡Ah, sí! También revelaremos para qué necesitaban los marcianos tantos ojos y dónde está el Santo Grial. Por el mismo precio.
¿No es una ganga?

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