En Jardines invisibles de Lelo Galbán y Froilán Escobar, como en el poemario de José Lezama Lima Noche insular: jardines invisibles, entrad “desnudos en vuestros lechos marmóreos, vivid y recordad como los viajeros pintados, ciudades giratorias, líquidos jardines verdinegros”, porque lo que cuenta acá es el misterio que se ofrece, la figura pero sobre todo el alma de la figura, el concepto de la luz y su sombra como un paradigma filosófico y una cosmología.
Los Jardines de Galbán y Escobar están habitados por entes, configuraciones de lo femenino, bipolares en la luz y la oscura sombra cual manifestación de lo lunar las de Galbán, evanescentes y fantasmagóricas las de Froilán, definidos los colores en Galbán, desvaídos en Froilán, magia en ambas florestas como una tentación, un grito, un atentado contra la obstinada, obscena cotidianidad. ¡Entrad, sí, pero sin vuelta atrás!
Los Jardines de Galbán y Escobar están habitados por entes, configuraciones de lo femenino, bipolares en la luz y la oscura sombra cual manifestación de lo lunar las de Galbán, evanescentes y fantasmagóricas las de Froilán, definidos los colores en Galbán, desvaídos en Froilán, magia en ambas florestas como una tentación, un grito, un atentado contra la obstinada, obscena cotidianidad. ¡Entrad, sí, pero sin vuelta atrás!