ESCAMILLA. Toda una historia
ESCAMILLA se encuentra en la provincia de Guadalajara. En la Alcarria. Baja hasta la fértil Hoya del Infantado desde las lomas que separan las cuencas del Tajo y Guadiela, una depresión que más tiene de barranco que de valle; camino único natural por aquellos alrededores para comunicarse ambas cuencas y merecedor por tanto de ser interceptado por alguna fortaleza que sirviera de protección o estorbo, según los casos, papel reservado a Pareja, cerca del Tajo y a Escamilla, en las proximidades del Valle del Guadiela.
Asomándose ya a los llamados “altos del llano” por poniente y vigilando el riacho que desciende hasta cerca de Salmeroncillo, el pueblo de Escamilla ofrece al visitante dos curiosidades; el viejo castillo, tan deteriorado que la gente sólo le conocer con el apelativo de “el palomar”, y la torre barroca de blanca piedra coronada por una veleta, denominada “la giralda”, mujer de madera con una banderola, antaño vestida con un traje de latón, de que la desposeyera hace unos años cierto rayo deshonesto dejando al aire sus morbideces de pino.
Francisco Layna Serrano
ESCAMILLA se encuentra en la provincia de Guadalajara. En la Alcarria. Baja hasta la fértil Hoya del Infantado desde las lomas que separan las cuencas del Tajo y Guadiela, una depresión que más tiene de barranco que de valle; camino único natural por aquellos alrededores para comunicarse ambas cuencas y merecedor por tanto de ser interceptado por alguna fortaleza que sirviera de protección o estorbo, según los casos, papel reservado a Pareja, cerca del Tajo y a Escamilla, en las proximidades del Valle del Guadiela.
Asomándose ya a los llamados “altos del llano” por poniente y vigilando el riacho que desciende hasta cerca de Salmeroncillo, el pueblo de Escamilla ofrece al visitante dos curiosidades; el viejo castillo, tan deteriorado que la gente sólo le conocer con el apelativo de “el palomar”, y la torre barroca de blanca piedra coronada por una veleta, denominada “la giralda”, mujer de madera con una banderola, antaño vestida con un traje de latón, de que la desposeyera hace unos años cierto rayo deshonesto dejando al aire sus morbideces de pino.
Francisco Layna Serrano