Soy Paula del Mar Gadea, tengo 24 años y vivo en Alicante en el año 1809; con plena invasión francesa sacudiendo el país. Crecí en el mismo lugar donde nací, hasta que me desposé con un zaragozano y me mudé con él. Poco después, mi hermana también se casó con otro hombre nativo de la tierra y se trasladó cerca de mí. Sin embargo, la guerra estalló y mi marido murió durante el primer asalto a la ciudad. Con el corazón devastado, regresé a casa de mis padres; Alicia y su esposo decidieron quedarse.
Gracias a Dios, la guerra aún no había alcanzado Alicante. Pero un año más tarde, Zaragoza fue sitiada por los franceses y el tifus asoló la ciudad, dejando a mi hermana viuda. Ella estaba embarazada, así que mi padre y yo decidimos ir en su búsqueda.
Pero no sé qué ha pasado, que de vuelta a casa perdí el conocimiento y he despertado en 2024. Y tras mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que tiene que estar relacionado con el vino, los viñedos de la finca de mi padre y la magia del solsticio de verano. Sin embargo, no entiendo nada de este mundo, donde todo funciona con electricidad, donde la gente baila moviendo las posaderas, donde las vestimentas tientan a la carne y al pecado y donde todo está tan cambiado. Y tampoco entiendo el poder que ejerce sobre mí ese hombre apuesto, alto, engreído, libidinoso y libertino con el que tengo que convivir hasta que halle el modo de regresar a casa.
Gracias a Dios, la guerra aún no había alcanzado Alicante. Pero un año más tarde, Zaragoza fue sitiada por los franceses y el tifus asoló la ciudad, dejando a mi hermana viuda. Ella estaba embarazada, así que mi padre y yo decidimos ir en su búsqueda.
Pero no sé qué ha pasado, que de vuelta a casa perdí el conocimiento y he despertado en 2024. Y tras mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que tiene que estar relacionado con el vino, los viñedos de la finca de mi padre y la magia del solsticio de verano. Sin embargo, no entiendo nada de este mundo, donde todo funciona con electricidad, donde la gente baila moviendo las posaderas, donde las vestimentas tientan a la carne y al pecado y donde todo está tan cambiado. Y tampoco entiendo el poder que ejerce sobre mí ese hombre apuesto, alto, engreído, libidinoso y libertino con el que tengo que convivir hasta que halle el modo de regresar a casa.