“Ayayema es el espíritu del mal que nos persigue permanentemente”- Explica Yuras a su hijo Terwa Koyo.
Lo que comienza como toda una aventura llena de fascinante intercambio cultural, no tardará en convertirse en la dramática historia de la extinción de una raza.
- Los indígenas de la tribu kawésqar, habitantes antiguos de uno de los extremos más australes del mundo: la Patagonia; todavía desconocen su fatídico porvenir.
- En Santiago de Chile, al Sargento Pedro Román le es concedido el traslado a Puerto Edén, en la Patagonia. Junto a su esposa, Raquel, y a su suegra, la señora Domitila, pasará varios años en la región observando y compartiendo con los kawésqar, viviendo entre bosques nevados, fuertes vientos, aprendiendo de los indígenas a sobrellevar la vida en tan duras condiciones, absorberá su idioma, entenderá sus costumbres, los observará cazar y los verá navegar con sus embarcaciones hechas a mano.
- Los forasteros serán bienvenidos por los kawésqar con cautela al principio para poco a poco pasar a ser aceptados por ellos, junto con las vestimentas, viviendas y alimentos que el gobierno chileno de la época les ofrecía a través de esta amable familia citadina.
Jorge Valdés nos relata con detalle cómo se desarrollaron las relaciones entre el sargento y su familia con los kawésqar, contrastando sus experiencias con las de los aventureros de décadas anteriores y mostrando la evolución de una tribu, que de nómada y salvaje, es llevada a la fuerza a una vida más “civilizada” y “digna” desde el punto de vista de las personas ajenas al estilo de vida indígena.