Apolo, el Dios de la música y la poesía, inspirador de poetas y oradores, era también el encargado de conducir el carro solar. En él pensó Abe Silverstein, administrador de la NASA para denominar una de las empresas más ambiciosas de la historia: alcanzar la Luna.El satélite de la Tierra nos ha causado fascinación e interés desde la antigüedad, Hiparco de Nicea calculó en el año 150 a.C. la distancia entre la Tierra y la Luna determinado que estaban separadas por 348.000 km, aproximándose prodigiosamente a la cifra de alrededor (no mantiene una distancia fija) de 356.565 km. Los avances técnicos desarrollados durante el siglo XX y el acicate de la rivalidad estadounidense y soviética, propició una inyección económica sin precedentes que desembocó en el ambicioso objetivo de enviar una misión tripulada a la Luna. El 12 de abril de 1961, la URSS envía por primera vez un hombre fuera de la atmósfera terrestre, Yuri Gagarin orbitó alrededor de la Tierra en la nave Vostok. Nuevamente los soviéticos tomaban la delantera. El reticente presidente J.F. Kennedy decide jugárselo todo en la última mano, y si hasta la fecha veía a la Nasa como un agujero negro de gasto público, entiende que si quieren ser los primeros en alcanzar la Luna debe invertir en la agencia espacial. El 25 de mayo de 1961, envía un mensaje especial al Congreso sobre necesidades nacionales urgentes donde hará público el objetivo de alcanzar la Luna: Son tiempos extraordinarios. Y nos enfrentamos a un desafío extraordinario. Nuestra fuerza, así como nuestras convicciones, han impuesto a esta nación el papel de líder en la causa de la libertad. (…)Ahora es el momento de dar pasos más largos, el momento de una gran empresa estadounidense nueva, el momento de que esta nación asuma un papel claramente líder en los logros espaciales. (…)Creo que esta nación debe comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine esta década, de llevar a un hombre a la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra. Ningún proyecto espacial en este período será más impresionante para la humanidad, o más importante para la exploración del espacio a largo plazo, y ninguno será tan difícil o costoso de realizar.Inaugurando el 1 de noviembre de ese mismo año el Centro Espacial Lyndon B. Johnson, lugar de entrenamiento de astronautas, investigación y control de vuelos espaciales tripulados. Una nueva ola agitaba la NASA, y aunque el programa Apolo había sido concebido durante la administración de Eisenhower a principios de 1960 como una evolución del Proyecto Mercury, el respaldo político favorecería acelerar los plazos para alcanzar el objetivo.El encargado de desarrollar los cohetes Saturno que debían llevar la nave Apolo a la Luna era el Dr. Von Braun, indultado por su talento de su pasado nazi, fue clave para desarrollar las nuevas exigencias técnicas que requería la misión.Finalmente, Neil A. Armstrong descendió el 21 de julio de 1969 sobre la Luna. Pero conquistado el reto, aun quedarían cinco vuelos más hacia el satélite para dar por concluido el programa. El Programa Apolo ha dejado frases para la historia como “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad” o “Houston, tenemos un problema [sic.]”, pero como toda hazaña del mundo contemporáneo, adquiere su relevancia al mostrarnos lo ocurrido mediante imágenes.Este libro recoge la evolución del programa Apolo a través de sus diferentes misiones mediante gran cantidad de documentación gráfica proveniente de los archivos de la NASA. Las imágenes han sido remasterizadas para lograr una calidad óptima, ofreciendo un relato visual lleno de imágenes impactantes, bellas, intimistas, icónicas y desconocidas para mantener el asombro sobre una proeza sin parangón.
EL PROGRAMA APOLO: Archivos gráficos de la NASA
Apolo, el Dios de la música y la poesía, inspirador de poetas y oradores, era también el encargado de conducir el carro solar. En él pensó Abe Silverstein, administrador de la NASA para denominar una de las empresas más ambiciosas de la historia: alcanzar la Luna.El satélite de la Tierra nos ha causado fascinación e interés desde la antigüedad, Hiparco de Nicea calculó en el año 150 a.C. la distancia entre la Tierra…
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