No eres tú, ¡es el mundo! Justificó siempre cada vez que la vida, según él, se ensañaba arrebatándole todo lo que consideraba suyo. ¡No tenía por qué compartir el cariño y la atención de sus padres! ¡Y el gran amor de su vida debía regresar o pagar por el abandono! Los celos, el rencor y la malsana envidia de la felicidad ajena se volvieron la sigilosa tortura de su alma, cegándolo, y sin darse cuenta terminó dejándolos habitar en ella. Pero cuando tocas fondo, en el profundo agujero en el que te dejan abandonado a tu suerte los demonios que has alimentado, tienes dos caminos: creer merecer una segunda oportunidad que te conceda escalar hasta la superficie para rescatar la luz, o dejarte arrastrar de una vez por las tinieblas. Arturo Sanfield rechazaba, incluso, ver su imagen reflejada en el espejo, algo que no iba a admitir ante nadie. Una oportunidad que sabe que no merece se abrirá ante sus ojos, obligándolo a doblegar el orgullo y rendir la soberbia. Porque precisamente será el destino, que tanto juzgó, el que ponga a prueba sus verdaderos sentimientos frente a quien marcará… ¡El camino a su redención!
El ocaso de una obsesión : Camino a mi redención...
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