Este es, sin duda, un proyecto de amor y amistad. En primer lugar, promover lo más hermoso de nuestra cultura musical, como son nuestros aguinaldos, villancicos y parrandas navideñas, que han llenado desde hace tanto nuestras navidades, de esa maravillosa e irrepetible vivencia que es el nacimiento de Jesús y que unen a la familia venezolana sin distingos en una misma fe.
Los aguinaldos y parrandas venezolanas son la única música vernácula, por decirlo de algún modo, en el mundo, que la iglesia católica, con autorización del Papa León XIII, permite interpretar dentro de los templos, en los días penitentes, previos al nacimiento, por ser estos cantos tradicionales de veneración al Niño Jesús, la Virgen y el nacimiento en sí. Pero no se quedan solo en el templo, los aguinalderos van de casa en casa interpretando todas estas hermosas obras en torno a los pesebres, y celebrando en comunidad la tan ansiada llegada del niño. El día 24 de diciembre se hace la reunión familiar que no solo incluye los cantos de estas hermosas canciones navideñas, sino que se les da a los niños regalos o presentes, que son enviados por el propio Niño Jesús. Se acostumbra a una cena navideña con hallaca, pernil, pavo y ensaladas típicas de la época. Un tiempo que sin duda es de belleza y amor.
Por otra parte, la amistad que me une al autor de estos hermosísimos arreglos, mi hermano de la vida, Gustavo Colina, me ha inspirado a hacer el esfuerzo de escribir toda esta música, junto a mi eterno compañero de proyectos Oscar Orozco, y pedir el apoyo a otros seres maravillosos para que pusieran su granito de arena, como son: Alejandro Bruzual, Miguel Ángel Bosch, Edward Núñez, Jorge Lusar, Neva Mora, Rolando Navarro y Gustavo Reyes Ortiz, para así lograr la creación de este volumen que posiblemente sea el primero en su tipo.
Gustavo Colina es, sin duda, uno de los más fecundos y notables cuatristas del país y de todos los tiempos, que, junto a otros pocos, como Jacinto Pérez, Fredy Reyna, Hernán Gamboa, Asdrúbal “Cheo” Hurtado, ha logrado darle luz a un concepto hermoso, limpio e irrepeti a este cuatro venezolano que tanto amamos.
Juan Carlos Sanz
Los aguinaldos y parrandas venezolanas son la única música vernácula, por decirlo de algún modo, en el mundo, que la iglesia católica, con autorización del Papa León XIII, permite interpretar dentro de los templos, en los días penitentes, previos al nacimiento, por ser estos cantos tradicionales de veneración al Niño Jesús, la Virgen y el nacimiento en sí. Pero no se quedan solo en el templo, los aguinalderos van de casa en casa interpretando todas estas hermosas obras en torno a los pesebres, y celebrando en comunidad la tan ansiada llegada del niño. El día 24 de diciembre se hace la reunión familiar que no solo incluye los cantos de estas hermosas canciones navideñas, sino que se les da a los niños regalos o presentes, que son enviados por el propio Niño Jesús. Se acostumbra a una cena navideña con hallaca, pernil, pavo y ensaladas típicas de la época. Un tiempo que sin duda es de belleza y amor.
Por otra parte, la amistad que me une al autor de estos hermosísimos arreglos, mi hermano de la vida, Gustavo Colina, me ha inspirado a hacer el esfuerzo de escribir toda esta música, junto a mi eterno compañero de proyectos Oscar Orozco, y pedir el apoyo a otros seres maravillosos para que pusieran su granito de arena, como son: Alejandro Bruzual, Miguel Ángel Bosch, Edward Núñez, Jorge Lusar, Neva Mora, Rolando Navarro y Gustavo Reyes Ortiz, para así lograr la creación de este volumen que posiblemente sea el primero en su tipo.
Gustavo Colina es, sin duda, uno de los más fecundos y notables cuatristas del país y de todos los tiempos, que, junto a otros pocos, como Jacinto Pérez, Fredy Reyna, Hernán Gamboa, Asdrúbal “Cheo” Hurtado, ha logrado darle luz a un concepto hermoso, limpio e irrepeti a este cuatro venezolano que tanto amamos.
Juan Carlos Sanz