La Agenda 2030 consiste en un caramelo envenenado pero revestido de una envoltura atractiva y seductora. A lo largo de estos años, estas características han dividido a personas que, coincidiendo en unas convicciones muy profundas, han discrepado en la forma y manera de aproximarse al juicio y a la valoración de la misma.
Hay quienes, por una parte, han querido destacar las partes positivas de la Agenda o el innegable carácter positivo de sus 17 objetivos, sobre algunos elementos negativos. Algunos seguidores de esta corriente, incluso, han mantenido una posición muy crítica hacia aquellos que denunciaban la maldad de la raíz y núcleo de esta propuesta.
Pero, cuando un caramelo está envenenado, no es procedente dedicarse a elogiar la belleza del envoltorio. En el envoltorio nunca está la verdad. Es en la raíz, en el núcleo, donde reside su auténtica naturaleza, sus verdaderos objetivos. Quedarte, por tanto, en la superficie, en el envoltorio, constituye un profundo error que no solo desconcierta, divide y separa a muchos, sino que, además, constituye un elemento de distracción que anestesia el significado auténtico de la Agenda.
Descubrirán en este texto que el objetivo principal de la Agenda es el reemplazo, la sustitución y la destrucción de los fundamentos cristianos, de nuestro actual orden social y que constituye una asociación entre el marxismo cultural, el dinero, el materialismo, el relativismo, la comodidad y la crisis de la persona.
En el fondo, es lo que ha sucedido muchas veces en nuestra historia: una obsesión enfermiza de destrucción de los fundamentos cristianos.
Hay quienes, por una parte, han querido destacar las partes positivas de la Agenda o el innegable carácter positivo de sus 17 objetivos, sobre algunos elementos negativos. Algunos seguidores de esta corriente, incluso, han mantenido una posición muy crítica hacia aquellos que denunciaban la maldad de la raíz y núcleo de esta propuesta.
Pero, cuando un caramelo está envenenado, no es procedente dedicarse a elogiar la belleza del envoltorio. En el envoltorio nunca está la verdad. Es en la raíz, en el núcleo, donde reside su auténtica naturaleza, sus verdaderos objetivos. Quedarte, por tanto, en la superficie, en el envoltorio, constituye un profundo error que no solo desconcierta, divide y separa a muchos, sino que, además, constituye un elemento de distracción que anestesia el significado auténtico de la Agenda.
Descubrirán en este texto que el objetivo principal de la Agenda es el reemplazo, la sustitución y la destrucción de los fundamentos cristianos, de nuestro actual orden social y que constituye una asociación entre el marxismo cultural, el dinero, el materialismo, el relativismo, la comodidad y la crisis de la persona.
En el fondo, es lo que ha sucedido muchas veces en nuestra historia: una obsesión enfermiza de destrucción de los fundamentos cristianos.