Corina no tiene claros los límites entre la realidad y la imaginación.
Ni siquiera puede estar segura de que no es la responsable de los asesinatos que se están cometiendo.
Pero los hechos se suceden de forma vertiginosa y la arrastran hacia un viaje demente en busca de paz y salvación.
¿Esconde su inocente forma de ver las cosas la semilla del mal o hay alguien jugando una partida y la niña de las voces es solo un peón más?