—¿Qué es lo que más te gusta del periodismo? —me preguntó el director de la revista Zeta.
—El deporte —le respondí.
—¿Y cuál es tu deporte preferido?
—El fútbol —contesté sin pestañear.
Me miró de arriba abajo, casi de forma despectiva, y me soltó:
—Español tenías que ser. El deporte de Venezuela es el béisbol. El fútbol es para los extranjeros. Para integrarte a este país tienes que hacer deportes nuestros: béisbol, boxeo, basket... El fútbol es para españoles, italianos y portugueses.
Veinte años después, estando por los pasillos del Canal 8, me encontré con Rafael Poleo, quien, luego de saludarme, me preguntó:
—¿Cuál es el partido del sábado, Reyes Álamo?
Entonces recordé aquella lejana conversación... y le respondí:
—¿Ah..., me reconoció? ¿No es que el fútbol no tenía vida en Venezuela?
—El deporte —le respondí.
—¿Y cuál es tu deporte preferido?
—El fútbol —contesté sin pestañear.
Me miró de arriba abajo, casi de forma despectiva, y me soltó:
—Español tenías que ser. El deporte de Venezuela es el béisbol. El fútbol es para los extranjeros. Para integrarte a este país tienes que hacer deportes nuestros: béisbol, boxeo, basket... El fútbol es para españoles, italianos y portugueses.
Veinte años después, estando por los pasillos del Canal 8, me encontré con Rafael Poleo, quien, luego de saludarme, me preguntó:
—¿Cuál es el partido del sábado, Reyes Álamo?
Entonces recordé aquella lejana conversación... y le respondí:
—¿Ah..., me reconoció? ¿No es que el fútbol no tenía vida en Venezuela?