Todo lo que aquí leerá el lector ha sido escrito con el móvil, habitualmente de una sentada y en el fuego del momento, y solo ha sido retocado en última instancia para corregir errores y completar vacíos puntuales producto, casi siempre, de las obligaciones de la paternidad. Cierto es que X no es, por así decirlo, lo que yo hago: mis escritos son más extensos de lo que impone el medio y más reflexivos de aquello a lo que incita, pero sí que mantiene algunas de las ventajas que permite. La inmediatez, por ejemplo, o la obligación de captar una atención dispersa entre cientos de mensajes y miles de ruidos, creo que me han ayudado a encontrar el tono adecuado a ese medio. Ya me dirá el lector si este tono también se adecúa a las exigencias del libro tradicional. Tal es mi esperanza.
El título del libro hace referencia a mi profesión de profesor de instituto y a mi impresión, tantas veces respaldada por los hechos, de que la sagrada libertad de cátedra es, a menudo, un impedimento para el ejercicio de la auténtica libertad, que es la del respeto a la tradición que la permite. La educación es un tema recurrente entre las páginas que siguen, así como la crítica a la política que está poniendo en peligro nuestro legado cultural para guardarlo en un relicario y cambiarlo, en última instancia, por vacuas ceremonias de emoción y confusión. Comprobará el lector, desde muy pronto, que soy especialmente agresivo contra la izquierda hegemónica, contra esa izquierda a la que he añadido el adjetivo de "confesional" quién sabe si por la ingenua ilusión, tantas veces defraudada, de que exista o pueda existir otra menos tendente a convertirse en religión y más inclinada a enfrentarse a los clérigos que a alimentarlos y sustituirlos.
Otros temas, más personales, recorren estas páginas.
Profesor secundario es el seudónimo de un profesor de educación secundaria de la Comunidad Valenciana. Doctor en Historia por la Universidad de Valencia, ejerce su profesión desde 2015 en un instituto público.