Un corresponsal español recorre durante diez viajes un continente que se niega a caber en las categorías que Occidente le impone, y lo cuenta sin la red de seguridad de la esperanza obligatoria. Atenas en la jungla baja a las minas de oro de Senegal atado a una cuerda, cruza los controles de una guerrilla en las montañas de Etiopía y pasa varios días en un calabozo militar de Mali acusado de espionaje, pero también se detiene en lo que casi nadie cuenta: los monasterios a la orilla del Nilo Azul, las ciudades sitiadas del Congo, las fronteras del Sahel donde la guerra es sobre todo aburrimiento y espera.
No es un libro que ofrezca consuelo. Aquí no hay víctimas a las que compadecer desde el sofá ni salvajes a los que civilizar, sino personas que toman decisiones y cargan con sus consecuencias, igual que en cualquier otro lugar del mundo. Y hay, sobre todo, un periodista que va descubriendo, viaje a viaje, error a error, que quien llega creyendo que viene a salvar suele ser el que más estorba.
Una crónica exigente y deliberadamente incómoda sobre el oficio de mirar de frente.