Barcelona y el mar: La transformación de una ciudad

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El autor ha querido describir, desde los espacios abiertos hasta los detalles urbanísticos y arquitectónicos, los diferentes entornos que conforman el proyecto, para mas que mostrar de una forma objetiva, transmitir su esencia.

Este libro está dividido en seis partes y muestra un recorrido por toda la franja litoral de la ciudad. Desde Montjüic hasta el Besos, las fotografías muestran el resultado de un plan urbanístico que transformó la ciudad.

El proyecto está integrado en Google Maps mediante un mapa personalizado al que se puede acceder mediante el enlace que encontrará al final del libro, en donde se pueden ver todas las fotografías y desde donde fueron tomadas.

Las fotografías de este libro han sido tomadas con una cámara Hasselbad, un objetivo Distagon gran angular de 50 mms. y se ha usado película en blanco y negro ISO 100.

Todo comenzó en 1986 cuando la ciudad de Barcelona consiguió ser la sede de los Juegos Olímpicos de 1992. De esta manera se pudieron llevar a cabo las reformas necesarias para modernizar la ciudad, una reforma que era urgente y que hacía años que estaba pensada pero que no disponía de los fondos necesarios para lo que supondría la transformación de la ciudad.

De Barcelona se decía que vivía de espaldas al mar, y era cierto. Desde Montjuïc en Sant Adrià, había una barrera formada por unas infraestructuras obsoletas y abandonadas así como unas líneas férreas en uso que impedían a los barcelonins llegar al mar, a una costa insalubre.

El Port Vell, un puerto obsoleto, cerrado y casi en desuso, totalmente integrado en la ciudad, era una de las primeras zonas que habría transformar, para adecuarlo al futuros nuevos usos públicos. El barrio centenario de la Barceloneta, característico de la Barcelona más marinera, debía renovarse, incluido su paseo marítimo, el único que había en la ciudad, y también eliminar el difícil acceso a la única playa disfrutable de una ciudad de casi dos millones de habitantes.

Por otra parte, Barcelona no podía crecer por falta de terrenos y la única forma de hacerlo era transformar toda la franja litoral, incluyendo barrios adyacentes de acuerdo con el nuevo plan urbanístico, barrios adyacente con instalaciones deterioradas y anacrónicas, de un pasado industrial como el Poblenou. Además, por fin se podría llevar a cabo otro de los proyectos más deseados y que permitiría habilitar más terreno para crecer, y no era otro que, por fin, la Diagonal llegara al mar.

Esta gran reforma necesitaba un totem o icono que reflejara la modernización que se estaba llevando a cabo y este papel recaer en el que iba a ser el nuevo skyline de la ciudad, dos torres al final del paseo de la Barceloneta, que simulando sendas faros, harían visible la ciudad para aquellos que se acercaran por el mar. A los pies de las torres se proyectaría el nuevo puerto deportivo, y se ganaría otra zona de uso lúdico que marcaría el comienzo de las nuevas playas de la ciudad.

Para los nuevos terrenos que acogerían la Barcelona más moderna se recurrió a una urbanización de autor, así los nuevos edificios, incluso parques, tendrían firma de prestigiosos arquitectos.

No solamente se estaba transformando la ciudad, también se estaba proyectando la Barcelona del siglo XXI, del nuevo milenio, en los nuevos terrenos a urbanizar durante los próximos años y que conformarí

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