Me llamo Abigail. Soy una de las arquitectas más brillantes de Boston y hace años prometí que nunca volvería a enamorarme. El amor debilita. El deseo, en cambio, se disfruta y se olvida. Tenía mi vida bajo control… hasta que apareció él.
Soy Declan. Dirijo una cadena de hoteles y he construido mi imperio con una sola norma: no mezclar placer y negocios. No cedo. No pierdo. Y no creo en el amor. Hasta que Abigail me sostiene la mirada como si mi dinero, mi apellido y mis reglas no significaran nada.
Lo que empezó como un proyecto hotelero millonario pronto se convirtió en un pulso constante: reuniones donde chocamos, viajes que tensan la distancia, celos inesperados y secretos capaces de destruirlo todo. Ella insiste en que no se enamora. Yo estoy decidido a no caer.
Pero cuando la química se vuelve adictiva y la tentación es inevitable, las líneas que nos separan desaparecen. Porque el verdadero peligro no es desear lo prohibido, es descubrir que perder el control quizá sea lo único que siempre hemos querido.
Soy Declan. Dirijo una cadena de hoteles y he construido mi imperio con una sola norma: no mezclar placer y negocios. No cedo. No pierdo. Y no creo en el amor. Hasta que Abigail me sostiene la mirada como si mi dinero, mi apellido y mis reglas no significaran nada.
Lo que empezó como un proyecto hotelero millonario pronto se convirtió en un pulso constante: reuniones donde chocamos, viajes que tensan la distancia, celos inesperados y secretos capaces de destruirlo todo. Ella insiste en que no se enamora. Yo estoy decidido a no caer.
Pero cuando la química se vuelve adictiva y la tentación es inevitable, las líneas que nos separan desaparecen. Porque el verdadero peligro no es desear lo prohibido, es descubrir que perder el control quizá sea lo único que siempre hemos querido.