El arte de ver una película es un texto inédito de Manuel Villegas López (1906-1980), escritor y crítico cinematográfico que cierra la Edad de Plata, forma parte de la diáspora cultural del exilio republicano y regresa a España en 1953 para hacer posible, tiempo después, la Transición.
El libro está escrito en los años sesenta del siglo pasado. En su origen es un conjunto de charlas emitidas por el Tercer Programa de RNE. Villegas las imparte al hilo del desconcierto que en el espectador generó la irrupción de las películas que seguían la estela de la Nouvelle vague, lo que en España se llamó el Cine de Arte y Ensayo. “Si no la entiendo, es que la película debe ser artística”, se decía el espectador abrumado por un complejo de inferioridad después de ver El año pasado en Marienbad (1961).
Pero esta distancia de más de cincuenta años entre escritura y publicación no merma la actualidad del libro. En estos momentos, proliferan las escuelas de espectadores y los proyectos de alfabetización audiovisual. Desde luego, estas iniciativas obedecen a otra problemática, fundamentalmente conseguir que el espectador interprete críticamente el bombardeo de mensajes audiovisuales de la era digital. Pero también tratan de refinar el juicio de gusto del público para que hoy sea posible un cine más plural en lo ético y lo estético. Por todo ello, estas páginas siguen siendo de gran ayuda para entender el contenido de las pantallas y hacer del cine un instrumento de desarrollo personal y cultural.
El libro está escrito en los años sesenta del siglo pasado. En su origen es un conjunto de charlas emitidas por el Tercer Programa de RNE. Villegas las imparte al hilo del desconcierto que en el espectador generó la irrupción de las películas que seguían la estela de la Nouvelle vague, lo que en España se llamó el Cine de Arte y Ensayo. “Si no la entiendo, es que la película debe ser artística”, se decía el espectador abrumado por un complejo de inferioridad después de ver El año pasado en Marienbad (1961).
Pero esta distancia de más de cincuenta años entre escritura y publicación no merma la actualidad del libro. En estos momentos, proliferan las escuelas de espectadores y los proyectos de alfabetización audiovisual. Desde luego, estas iniciativas obedecen a otra problemática, fundamentalmente conseguir que el espectador interprete críticamente el bombardeo de mensajes audiovisuales de la era digital. Pero también tratan de refinar el juicio de gusto del público para que hoy sea posible un cine más plural en lo ético y lo estético. Por todo ello, estas páginas siguen siendo de gran ayuda para entender el contenido de las pantallas y hacer del cine un instrumento de desarrollo personal y cultural.