ALCOCER Cuna del Infantado. En el tiempo y la historia

Trepando a la meseta o retorciéndose en múltiples curvas para descender a valles risueños, la carretera de Cuenca atraviesa las Alcarrias hasta bajar al ameno foso del Tajo; lo atraviesa por el histórico y empinado puente de Auñón que recuerda un encarnizado combate entre los franceses y guerrillas de El Empecinado, y luego continúa paralela al río por el dantesco desfiladero de las “Entrepeñas”, donde ya no puede leerse t…

Última actualización el 03-10-2026 a las 13:51 | Enlaces de afiliados | Imágenes de la API para Afiliados

Precios Amazon


Para que puedas ver el contenido actual vamos a proceder a redirigirte a la página original. Por favor pulsa en el botón si deseas Permanecer en esta página.

Permanecer
Trepando a la meseta o retorciéndose en múltiples curvas para descender a valles risueños, la carretera de Cuenca atraviesa las Alcarrias hasta bajar al ameno foso del Tajo; lo atraviesa por el histórico y empinado puente de Auñón que recuerda un encarnizado combate entre los franceses y guerrillas de El Empecinado, y luego continúa paralela al río por el dantesco desfiladero de las “Entrepeñas”, donde ya no puede leerse torpemente grabado en la roca aquel verso reflejo de maternal congoja, recuerdo de la trágica muerte del gentil y enamoradizo caballero Don Apóstol de Castilla, descendiente de Don Pedro el Cruel. Tras un recodo, queda a la derecha la villa de Sacedón; la carretera salta de valle a valle, deja admirar un momento las ruinas melancólicas del monasterio cisterciense de Monsalud, atraviesa Córcoles, y desde un altozano permite que se contemple la fértil Hoya del Infantado cruzada por el Guadiela; al fondo, entre montañas verdes, se columbra el desfiladero de Priego; en la campiña, varios pueblos minúsculos; a la izquierda, sobre pequeña loma respaldada por cerros moteados de olivos grises, una población grande para lo que da la tierra, señoreada por hermosa iglesia cuya torre de exornos góticos ostenta giraldeña silueta; estamos en la hidalga villa de Alcocer que ya suena en el poema del Cid, recuerda los hazañosos hechos de Alvar Fáñez de Minaya, los juveniles amores de Alfonso el Sabio, los enredos de Don Juan Manuel, la ambición de Don Álvaro de Luna y el exilio de un heredero de los Duques del Infantado a quien su padre desterró de Guadalajara porque había simpatizado con los Comuneros, y le hizo caminar más que aprisa sin importarle un ardite que su nuera estaba tan en meses mayores que hubo de detenerse en el monasterio de Lupiana para dar a luz.
Entretenida e interesante como una novela es la historia de esta villa, como la de otras muchas poblaciones de la provincia de Guadalajara, meras sombras de un pasado glorioso; de mi agrado sería contarla al lector muy por menudo. Sólo he de decir que su importancia fue escasa hasta consolidarse la reconquista de la región en 1176 con la toma de Cuenca por Alfonso VIII; en adelante la villa creció sin cesar para convertirse de hecho en capital de los lugares del Infantado, nombre alcanzado por esa campiña desde que Fernando III el Santo hizo Señor de ellas a su hijo Don Enrique; y Alfonso X el Sabio queriendo apartar de sí a su antigua amiga Doña Mayor Guillén de Guzmán ( si no fue ella quien desengañada quiso apartarse del mundo) la hizo donación de las villas de Alcocer, Cifuentes, Viana, y otros lugares hacia 1258; a Alcocer se retiró la hermosa y discreta señora para fundar un convento donde se retiró la hermosa y discreta señora para fundar un convento donde se recogió hasta que Dios fue servido de llamarla a mejor vida, y en Alcocer dejó su cuerpo que se conserva momificado y con señales reveladoras de notable belleza

Francisco Layna Serrano
Longitud de impresión: 222 páginas
Idioma: Español
Fecha de publicación: 26 enero 2022
Dimensiones: 15.24 x 1.42 x 22.86 cm
ISBN-13: 979-8408581214

También te puede interesar