(Nueva edición, revisada y ampliada)
Cuando Dolores Payás visitó por primera vez a Patrick Leigh Fermor en su paraíso griego, el legendario escritor y aventurero era un anciano frágil. Apenas veía, tenía grandes dificultades para oír. Aun así, la acogió con los brazos abiertos y una generosidad extraordinaria Fue un flechazo instantáneo del que surgió una bella amistad. A aquel primer encuentro se siguieron otros. Horas de charla, risas y afecto, complicidades literarias y, sobre todo, de mucho vino compartido.
De todo ello nació esta semblanza, que es a la vez acción de gracias y carta de amor incondicional. Un texto emotivo, pero sin asomo de cursilería (el adjetivo “cursi” jamás fue aplicable al homenajeado). Un retrato final lleno de ternura y a vueltas un poco nostálgico, pero mayoritariamente vivaz y entretenido, coloreado por la chispa y el humor de su protagonista.
Muchos lectores no sabrán quién fue Patrick Leigh Fermor. Poco importa. Aun sin pretenderlo, este pequeño libro también es un alegre manual de autoayuda. Un tratado sobre la vejez o, mejor dicho, sobre cómo afrontar la vejez sin perder un ápice de alegría, curiosidad, gracia y estilo. Y, por encima de todo, sin perder la fe en la magia de la vida.
Patrick Leigh Fermor vivió como soñó hasta el último de sus días. Y si esto no es saber vivir…
Cuando Dolores Payás visitó por primera vez a Patrick Leigh Fermor en su paraíso griego, el legendario escritor y aventurero era un anciano frágil. Apenas veía, tenía grandes dificultades para oír. Aun así, la acogió con los brazos abiertos y una generosidad extraordinaria Fue un flechazo instantáneo del que surgió una bella amistad. A aquel primer encuentro se siguieron otros. Horas de charla, risas y afecto, complicidades literarias y, sobre todo, de mucho vino compartido.
De todo ello nació esta semblanza, que es a la vez acción de gracias y carta de amor incondicional. Un texto emotivo, pero sin asomo de cursilería (el adjetivo “cursi” jamás fue aplicable al homenajeado). Un retrato final lleno de ternura y a vueltas un poco nostálgico, pero mayoritariamente vivaz y entretenido, coloreado por la chispa y el humor de su protagonista.
Muchos lectores no sabrán quién fue Patrick Leigh Fermor. Poco importa. Aun sin pretenderlo, este pequeño libro también es un alegre manual de autoayuda. Un tratado sobre la vejez o, mejor dicho, sobre cómo afrontar la vejez sin perder un ápice de alegría, curiosidad, gracia y estilo. Y, por encima de todo, sin perder la fe en la magia de la vida.
Patrick Leigh Fermor vivió como soñó hasta el último de sus días. Y si esto no es saber vivir…