Publio Cornelio Escipión el Africano, espada invencible de Roma: El mejor general de la historia

Por (autor) Jorge Tacchini
Categorías Ciencias de la Tierra

Publio Cornelio Escipión nació en el año 235 a.C. en una de las familias más destacadas de Roma. Su padre, que tenía el mismo nombre, era cónsul y comandante del ejército. El cónsul había educado a su hijo con la sabiduría experiencial que le permitió desarrollar aptitudes excepcionales. Lo enroló tempranamente en su ejército. En el año 218 a.C, el cónsul enfrentó, por primera vez, al i…

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Publio Cornelio Escipión nació en el año 235 a.C. en una de las familias más destacadas de Roma. Su padre, que tenía el mismo nombre, era cónsul y comandante del ejército. El cónsul había educado a su hijo con la sabiduría experiencial que le permitió desarrollar aptitudes excepcionales. Lo enroló tempranamente en su ejército. En el año 218 a.C, el cónsul enfrentó, por primera vez, al invasor Aníbal en la batalla del Tecino.Publio, de diecisiete años, comandaba un escuadrón de caballería ubicado en la retaguardia. De allí vio que el padre había sido herido y rodeado por la caballería númida. Entonces ordenó la carga para salvarlo y, frente a la duda de sus subordinados, asustados por la inferioridad numérica, se lanzó solo al galope, para obligar a seguirlo. Rompió las líneas enemigas y sostuvo el padre salvándolo. Rehusó después la condecoración que le otorgaron aduciendo no merecer tanto honor por cumplir con su obligación.Siete años después Publio Escipión padre fue derrotado y muerto en España dejando el resto de su ejército en condiciones desesperadas.En Roma, el Senado se reunió para encontrar un nuevo comandante, evitando la definitiva pérdida de Hispania, ya que las legiones romanas sobrevivientes se encontraban en neta inferioridad frente a los tres ejércitos cartaginienses. Nadie aceptó. Esa falta de entusiasmo indignó al joven Escipión que, con modestia, se postuló para vengar a su padre. Los senadores dudaron frente a tan inexperto comandante. Después, conmovidos, lo aceptaron con un gran aplauso. No se equivocaron. Las victorias que Escipión obtuvo en España iniciando con tan menguado ejército fueron memorables. La conquista de Cartago Nova, considerada inexpugnable por mar fue increíble. Después de un inteligente estudio de horarios, mareas y profundidad del mar, Escipión mandó su ejército a vadear la laguna y atacar la ciudad sabiendo que, si no lograba vencer la resistencia en seis horas, sus tropas perecerían ahogadas.Siguieron otros triunfos. Venció en Baecula al hermano de Aníbal. Destruyó en Ilipa el ejército de Magón, muy superior en número. En la última batalla contra los iberos definió la definitiva conquista de todo España.Al volver a Italia, sus envidiosos enemigos políticos le asignaron, en Sicilia, las dos legiones malditas que había cobardemente huido en la batalla de Cannas. Estaban castigadas y repudiadas. Sobre esas inciertas bases, Escipión construyó el ejercito que triunfaría en África. Desembarcó en ese continente derrotando enemigos enormemente superiores. En la batalla de Utica, por ejemplo, con 25.000 legionarios causó 80.000 bajas al enemigo.Todo terminó, cuando venció su eterno rival Anibal que contaba con un ejército que lo duplicaba en número, más 80 elefantes, en Zama.Si lo comparamos con los más famosos como Alejandro Magno, su adversario Aníbal, Cesar o Napoleón no desmerece en ninguna de las aptitudes que caracterizan los comandantes más encumbrados. Los igualaba en fe y una confianza en la misión que sabía transmitir a sus tropas. Venció sus batallas siempre castigado por la falta de apoyo de los enemigos políticos. Tenía la habilidad de Alejandro en explotar las ventajas técnicas de una superior organización y la de Cesar en saber cambiar tácticas, anticipándose a los acontecimientos. A diferencia de un Napoleón, jamás fue vencido.Si incluimos los valores humanos de personalidad, Escipión descolló sobre los demás. Su principal objetivo fue siempre la defensa de su Patria. Sabía relegar ambiciones personales, a diferencia de un Napoleón que veía Europa como un patrimonio de familia y distribuía tronos entre sus hermanos y generales fieles. No se dejó seducir por apetencias personales, como Cesar con Cleopatra, o Alejandro, debilitado por sus excesos. Fue fiel a la familia. Amó su esposa Emilia. Denostado injustamente por los envidiosos adversarios políticos, se retiró, terminada su misión, y concluyó la vida cultivando su finca.
Longitud de impresión: 135 páginas
Idioma: Español
Fecha de publicación: 3 febrero 2021
Dimensiones: 15.24 x 0.86 x 22.86 cm
ISBN-13: 979-8704377771