Haikus desde poniente. Primavera

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Cuando contemplamos por primera vez, hace ya bastantes años, una estampa de Utagawa Hiroshige, nuestros ojos, asombrados, quedaron perfumados por la belleza que transmitía el maestro. Nos dimos cuenta de inmediato que aquella pintura estaba llamada a ser inmortal, a vencer al tiempo amarillo que se posa en el pasado. A renovar la primavera de los sentidos cada vez que se admirase una de sus obras que parecen vivir en el tiempo de los sueños.Por esa razón, por la admiración que sentimos por el maestro, quisimos rendirle un homenaje como constatación de nuestro respeto y agradecimiento. Porque a los hombres capaces de crear belleza, de hacernos temblar de emoción, no solo hay que tenerlos presentes siempre sino, además, revivirlos permanentemente, haciéndoles parte de nuestra vida, como algo nuestro porque ellos pertenecen a nuestro mundo de los sueños, dando luz a la oscuridad.Y de esa forma fue tomando cuerpo la poderosa idea de ofrecer al maestro nuestra admiración expresa. Esa que no solo se siente, sino que además se lanza al aire para que el mundo conozca la alegría interior de uno, esa alegría que quiere compartir con los demás para que sea más luminosa.Hasta que, en una tarde de locura de cerezos, en la que teníamos embriagados los ojos de sakura y el aire estaba tomado por flores flotantes, supimos lo que teníamos que hacer de una forma certera.Y elegimos su obra Cien famosas vistas de Edo para dar forma a nuestra gratitud perpetua. Con el máximo respeto a la obra del maestro, hemos elegido de cada una de esas estampas un objeto; en realidad, una emoción, y la hemos hecho flotar en un universo de matte painting, acompañándola de un haiku que le diera otro corazón.Así, con dos corazones por estampa, ofrecemos al lector esta obra que tiene entre sus manos, en el universo de sus ojos, con el luminoso propósito de que Vd. ponga el tercer corazón.Todo por el maestro Utagawa Hiroshige que nos dejó una belleza imperecedera y que se repite en nuestros ojos igual que se repite la primavera. Sin necesidad de invocarla.

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