Sonará redundante si os digo que Fortunato era un tipo afortunado, aunque no quiera reconocer que esa fortuna se la debe a su gato negro. Quizás por eso no valoró lo suficiente haber encontrado a alguien que quisiera casarse con él, aunque fuese la hija de un policía de su ciudad, Valencia, y simultáneamente mantener algunas aficiones de soltero que no son bien vistas en sociedad. En realidad, en ninguna comunidad civilizada.
Primer episodio de la trilogía del futuro subcomisario Miguel Ayala, todavía un simple inspector del Cuerpo Superior de Policía, allá por los primeros años 70. Del siglo XX, por supuesto.
El predador afortunado: ...y su gato negro (Miguel Ayala)
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